La lacra de los “escritores fantasma”, al descubierto en farmacéuticas


Por ESTHER SAMPER (SHORA) / Soito.es Salud

Un reciente estudio pone de manifiesto un sucio secreto en las revistas médicas: Un porcentaje importante de los artículos publicados en ellas con autores de renombre están, en realidad, redactados por “escritores fantasma” pertenecientes a farmacéuticas u otras empresas.

¿En qué consiste esta práctica?

Es bastante conocido en el mundo de la literatura la figura del negro literario o escritor fantasma. En la mayoría de los casos, se trata de escritores noveles y con talento pero con un gran problema: No tienen fama ni renombre. Así pues, pueden encontrarse con grandes dificultades para publicar pese a la calidad de su trabajo. Una de las soluciones para salir de este callejón sin salida es recurrir a alguien con fama o con éxito literario, para que se convierta en el autor oficial. El escritor original pasará a ser un desconocido, un escritor huérfano de su obra y, así, podrá seguir pagando sus facturas mientras se dedica a su pasión en la clandestinidad.

Desafortunadamente, los negros literarios no se limitan al área de la narrativa ni tampoco resultan siempre tan inofensivos como el conocido caso de Ana Rosa y su negro. Que uno ponga la fama y otro el talento entra, sin duda, en el terreno de la ética de aguas turbias. Sin embargo, es una práctica que, en principio, no tiene por qué hacer daño a nadie.

Cuando pasamos del negro literario al escritor fantasma científico la situación cambia radicalmente. Ni las motivaciones, ni la finalidad, ni las consecuencias son, en absoluto, las mismas. Sólo la esencia permanece: Un escritor fantasma elabora un artículo científico sobre un determinado medicamento o tratamiento y, la farmacéutica, a través de diversos medios (más o menos fraudulentos) convence a un médico importante y de renombre en el área para que firme como el autor de dicho artículo (dándole así su “sello de garantía”) mientras nuestro tímido escritor fantasma omite cualquier alusión de su autoría en la publicación.

¿Cuál es la razón para que el autor original del artículo médico no aparezca por ningún lado?

Irónicamente, en casi todo el mundo científico hay riñas y discusiones por aparecer en las publicaciones. Si eres investigador, los artículos son tu forma de subsistencia, o publicas o mueres (profesionalmente hablando). La principal razón que hay detrás de esta contradicción es tan sencilla como turbia: El escritor original del artículo pertenece o trabaja para la empresa (farmacéutica, de tecnología médica, etc…) que ha desarrollado o comercializa el medicamento, dispositivo o tratamiento analizado en el artículo.

En prácticamente todas las revistas médicas científicas existe una obligación de “transparencia”. Todos los autores de un artículo científico deben aclarar para quiénes trabajan, quiénes han financiado el estudio y si existen relaciones que podrían considerarse “conflictivas” con el tema del artículo. Es decir, si evalúas un fármaco “X” de la empresa “Y” en un artículo científico y tú mantienes algún tipo de relación con dicha empresa (profesional, monetaria, etc.), estás en la obligación de comunicarlo a los revisores de la revista médica que estudiarán hasta qué punto existe conflicto de intereses y si el artículo debe publicarse o no. Es una forma de garantizar que los resultados son los correctos, que no ha habido manipulación ni un intento por realizar publicidad encubierta en ciencia.

Los escritores fantasma, relacionados en mayor o menor medida con alguna empresa farmacéutica o de tecnología médica, saben que esta obligación de transparencia puede echar para atrás la publicación de su artículo. Para ello, cortan por lo sano. Omiten cualquier autoría que pueda hacer que los demás descubran su relación con la empresa y eligen a una o varias personalidades en la disciplina para que firmen como los autores. La jugada sale redonda, los revisores no sospechan lo más mínimo de las relaciones de la empresa con el artículo científico y, además, los autores son de renombre, una garantía muy importante para que el artículo salga publicado.

¿Cómo de frecuente es esta treta en el mundo de la publicación médica?

Hasta hace pocos años, era un secreto que se sabía que existía, que estaba ahí, pero era realmente difícil estimar su magnitud. La mayoría de las ocasiones en las que se descubren escritores fantasma es a posteriori, cuando un escándalo farmacéutico se destapa y entonces se descubre, a través de la investigación de diversos documentos, que detrás del asunto hay más mierda de la que se olía en un principio.

Hace pocos días pudimos contemplar mejor la realidad de este oscuro problema. El New York Times se hizo eco de un estudio de The Journal of the American Medical Association (JAMA) que saldrá publicado en breve. Los resultados son tan espinosos como avergonzantes. Se realizó una encuesta anónima a los autores de 900 artículos científicos, revisiones o editoriales de las principales y más importantes revistas médicas generales (Annals of Internal Medicine, JAMA, The Lancet, Nature Medicine, New England Journal of Medicine y PLoS Medicine). Una de las preguntas de dicha encuesta (aparte de otras de diversa índole) era si existían personas que habían participado de forma considerable en la elaboración de un artículo como para aparecer como autores (y no figuraban como tales). 630 autores respondieron y el resultado fue que en torno al 7.8% de los artículos publicados en revistas médicas poseen escritores fantasma. El mayor porcentaje se encontró en el New England Journal of Medicine con un 11%. Seguidos de un 7.6% en The Lancet, 7.6% en PLoS Medicine, 4.9% en The Annals of Internal Medicine y un 2% en Nature Medicine.

estudios2Los resultados de este estudio, sin embargo, hay que extrapolarlos con precaución. En primer lugar, porque al tratarse de una encuesta el resultado depende mucho de la sinceridad de los encuestados. Segundo, no todos los escritores fantasma pueden serlo por tener relaciones con empresas o compañías implicadas, pudiendo existir otras razones. Aún así, este estudio (junto a otros anteriores realizados sobre los escritores fantasma) pone de manifiesto que el problema es mucho más frecuente y grave de lo que parece a simple vista. Los escritores fantasma son una lacra que invade las publicaciones médicas científicas. Donde sólo debería haber ciencia, ellos insertan publicidad encubierta.

Las consecuencias de los “escritores fantasma” en las revistas médicas pueden ser muy graves, incluso fatales. En varias ocasiones, la manipulación o “maquillaje” de resultados en el estudio de fármacos ha terminado con verdaderos escándalos, dejando a su paso miles de enfermos y muertos.

Como introducción al tema, en la primera parte explicábamos en qué consistía el fenómeno del escritor fantasma científico, por qué ocurría y cómo de frecuente era en las publicaciones médicas. En esta continuación, analizaremos cuáles son las consecuencias de estas prácticas y explicaremos 2 escándalos farmacéuticos en los que los escritores fantasma estuvieron muy presentes.

Las revistas médicas como guías de tratamiento para los médicos

La medicina está en constante evolución. Lo que hoy es el tratamiento recomendado para una determinada enfermedad puede no serlo en el breve plazo de unos pocos años. El desarrollo de nuevos fármacos o técnicas terapéuticas, junto al mejor conocimiento de las enfermedades y de los resultados de los tratamientos aplicados, son los principales motores de este incesante cambio. Pero para que los nuevos conocimientos y las novedades lleguen a todo el mundo y a todos los pacientes, los médicos necesitan actualizarse. Para ello existen muchas formas: Congresos, simposios, reuniones… Pero la forma más utilizada y, a su vez, más rápida, cotidiana y sencilla para renovarse es la lectura de artículos publicados en revistas médicas científicas.

Así pues, no es nada exagerado decir que, para los médicos, las revistas médicas suponen la principal toma de contacto con lo novedoso y mejor conocido de su práctica rutinaria y, en última instancia, son los desencadenantes de sus cambios en los tratamientos aplicados a los pacientes. Estos cambios, cuando son revisados, aceptados y aplicados por la mayor parte de la comunidad médica, terminan siendo la norma hasta que aparece un nuevo cambio que lo trastoca todo y vuelta a empezar.

¿Cuáles son las consecuencias de los “escritores fantasma” en las revistas médicas?

La actualización de los conocimientos y de las terapias aplicadas por los médicos puede ser muy perjudicial cuando se basan en resultados manipulados de estudios científicos que llegan a publicarse en las más prestigiosas revistas médicas. Lamentablemente, las peores consecuencias las pagarían siempre los pacientes. Las actuaciones terapéuticas incorrectas o las investigaciones basadas en puro humo serían algunos de los frutos de los estudios científicos con maquillaje de datos. Es decir, los pacientes recibirían tratamientos peores o dañinos y los investigadores gastarían tiempo, esfuerzo y mucho dinero en una quimera inútil basándose en los datos manipulados de otros.

¿Cuál es el papel de los “escritores fantasma” a la hora de difundir estudios manipulados?

Los perfiles de aquellos que llegan a manipular o incluso inventarse estudios médicos científicos podrían resumirse de la siguiente manera:

-Médico o científico individual.

Una única persona (aunque puede ocurrir con el beneplácito de las personas a su alrededor) manipula, inventa o tergiversa datos de uno o varios estudios científicos por múltiples motivos: Conseguir la publicación del artículo, intereses económicos (conseguir financiación ante resultados positivos, por ejemplo)… Son casos que rara vez resultan graves ya que suelen ser descubiertos al poco tiempo y el descubrimiento del engaño hunde en la miseria científica al manipulador.

El caso más sonado fue el del anestesista Scott Reuben. Desde 1996 hasta 2008, se inventó (literalmente) los resultados de 21 estudios científicos que llegaron a salir publicados en las revistas médicas de anestesiología más importantes. Fue un auténtico escándalo y un enorme revés para los anestesistas y, especialmente, para los pacientes.

-Empresa farmacéutica o similar a través de autores reales o escritores fantasma.

La manipulación de los estudios científicos realizados sobre un determinado medicamento tiene su raíz en un importante interés económico de la propia empresa que ha desarrollado o comercializado el mismo. Las opciones para manipular son básicamente dos: A cara descubierta (autores reales) o con máscara (escritores fantasma), ambos a sueldo o con relaciones económicas más o menos encubiertas con la empresa.

Debido a los estrictos requisitos de transparencia que las revistas médicas exigen a los autores y a una prudente y crítica evaluación de los artículos científicos en los que puedan existir conflicto de intereses, es muy raro que se manipule a cara descubierta porque difícilmente el engaño va a llegar a algún lado. Por eso, la forma más utilizada para manipular un estudio y conseguir que se publique es a través de “escritores fantasma” por varias razones:

  • Los revisores perciben el estudio como independiente y sin ninguna o apenas ninguna influencia de la empresa farmacéutica. Por tanto, no se levantan sospechas.
  • Los escritores fantasma no se enfrentan, en un principio, al escarnio público ni a la Justicia en caso de que se detecte que ha existido manipulación, ya que sus nombres no saldrán publicados en el estudio ni serán conocidos. Así pues, es mucho más fácil que ellos manipulen los datos que aquellos que aportan su nombre real en la autoría del artículo.
  • Los médicos de “renombre” a los que se le soborna o “incentiva” para que se pongan como los autores originales no tienen por qué sospechar que el estudio ha sido manipulado. Ellos aportan su “sello de garantía” y consiguen con facilidad que el artículo se publique en una revista médica importante.

Dicho de otra forma, los “escritores fantasma” son de gran ayuda para escribir y dar alas a los estudios manipulados y así lo han hecho en numerosas ocasiones, como veremos más adelante. Por supuesto, también se utilizan a estos “negros” para que las farmacéuticas difundan estudios que no tienen por qué estar manipulados, lo que no quita que la práctica siga careciendo de cualquier ética.

Las recientes y fatales consecuencias de los escritores fantasma

Cuando un escritor fantasma escribe un artículo científico que ensalza los beneficios de un medicamento o minimiza sus riesgos con una apariencia científica, cuando no es más que publicidad (consciente o inconsciente), los pacientes terminan pagando las consecuencias, enfermando o muriendo.

El escándalo de Merck y su fármaco Vioxx

El famoso fármaco Vioxx se ha convertido en uno de los emblemas de las peores prácticas de las farmacéuticas. Se trataba de un nuevo antiinflamatorio que apareció en numerosos artículos científicos de revistas médicas importantes como una opción más segura y efectiva frente a los antiinflamatorios convencionales.

La realidad, sin embargo, fue muy distinta. En 2004, Merck tuvo que retirar el fármaco porque duplicaba la frecuencia de aparición de infartos de miocardio y cerebrales en los pacientes tratados con éste. Cuando la Justicia tomó cartas en el asunto (por las denuncias de los perjudicados y sus familiares) y se comenzó a investigar, se reveló un escenario orquestado con detalle desde mucho tiempo atrás.

No sólo se hizo una agresiva campaña de marketing con generosos y costosos regalos a gran cantidad de médicos para que recetasen Vioxx, los escritores fantasmas también habían hecho de las suyas. Docenas de estudios científicos sobre Vioxx elaborados, en realidad, por escritores fantasma a sueldo de Merck fueron publicados con la autoría de prestigiosos médicos. Ni qué decir tiene que los buenos resultados que ofrecían estos estudios poco tuvieron que ver con los estudios independientes realizados años más tarde ante la elevada frecuencia de aparición de efectos adversos graves.

La revista England Journal of Medicine acusó directamente a Merck de manipular los datos de sus investigaciones acerca del Vioxx. Eliminó deliveradamente la información que poseía sobre los infartos que aparecían en los pacientes que usaban Vioxx cuando se realizaron los ensayos clínicos oportunos para valorar su eficacia y seguridad. En Merck sabían perfectamente que si estos datos se hubieran publicado Vioxx no se hubiera comercializado al existir alternativas más seguras en el mercado. De hecho, cuando la realidad se supo, varios años después, Merck cayó en picado en bolsa.

¿Las consecuencias? Es difícil establecer la magnitud del desastre por la gran difusión que tuvo el fármaco Vioxx por todo el mundo. En la revista The Lancet se estimó que, sólo en Estados Unidos, entre 88.000 y 139.000 personas padecieron infartos de miocardio por culpa del medicamento. El 30-40% de ellos con el resultado de muerte, durante los 5 años que estuvo comercializado Vioxx.

El escándalo de Wyeth y sus fármacos Premarin y Prempro

Ojalá el escándalo de Vioxx hubiera servido para que la historia no se repitiese. Pero la codicia y la falta de escrúpulos no entienden de historia. Hace apenas unos meses, PLos Medicine y el New York Times revelaron los trapos sucios de la farmacéutica Wyeth en su intento por comercializar y difundir sus medicamentos (Premarin y Prempro) en la terapia hormonal sustitutiva (un tratamiento que ya critiqué hace un tiempo en Soitu).

Mostraron al público los 1.500 documentos que se recogieron en una demanda contra Wyeth (disponibles en la red para cualquiera que quiera acceder a ellos) que prueban la utilización de escritores fantasma para la manipulación y difusión de los estudios de estos medicamentos en importantes revistas médicas. No tienen ningún desperdicio: Salen facturas a los escritores fantasma, los mensajes de marketing que se querían resaltar, los mensajes de contacto entre ellos… En fin, un monumento gráfico a la decadencia humana o un sucio secreto en las publicaciones médicas, como se comentó en PloS Medicine.

Wyeth contrató a una empresa de comunicación médica llamada DesignWrite para que redactara los artículos científicos ensalzando los medicamentos para las mujeres postmenopáusicas. Una vez que ya estaban listos, DesignWrite solicitaba a importantes médicos que firmaran como los autores. La jugada les salió fenomenal: 26 artículos publicados en 18 revistas médicas importantes con estudios manipulados sobre los fármacos Premarin y Prempro. Se minimizaron sus riesgos (entre ellos el cáncer de mama) y se inventaron sus beneficios (que no fueron demostrados) como protección frente a problemas cardiovasculares, demencia senil, envejecimiento de la piel…

¿Las consecuencias? De nuevo, las mismas víctimas, los pacientes. Múltiples mujeres, a consecuencia de la terapia hormonal sustitutiva durante la menopausia, desarrollaron a causa de la medicación cáncer de mama, problemas cardiovasculares y múltiples afecciones diferentes, terminando con la muerte en los casos más graves. Aún es temprano para estimar el coste humano de este escándalo. Sea el que sea el precio, no impedirá que las farmacéuticas, los escritores fantasma y los médicos de “renombre” sobornados sigan haciendo de las suyas. Como máximo, ahora lo harán con más precaución. De hecho, cada año se detectan entre 5 a 10 artículos con escritores fantasma. Pero la pregunta que muchos nos hacemos es: ¿cuántos pasarán desapercibidos?

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