La sanidad norteamericana y Obama


Estamos asistiendo en los últimos tiempos al intento del presidente Obama por ampliar la cobertura sanitaria a la inmensa mayoría de los norteamericanos (el 95% del total). Sin embargo, vemos con sorpresa la dura resistencia que algunos sectores de la sociedad norteamericana están oponiendo a una medida que, cualquier europeo entendería como lógica y necesaria.

En la situación actual hay en los Estados Unidos unos 50 millones de norteamericanos que no tienen ninguna asistencia sanitaria y otros 100 millones con unas prestaciones muy básicas, llegando escasamente al 40% de lo que nos presta nuestra Seguridad Social. Sin embargo, no deja de llamar la atención que la sanidad norteamericana gasta el 16,5% del PIB, mientras que el gasto sanitario de la OCDE es escasamente del 9% del PIN. En consecuencia, dos conclusiones quedan claras, por un lado, que la sanidad norteamericana es muy cara, y por el otro que la llamada economía de mercado sanitaria no sólo no reduce gastos sino que es ineficiente.

¿Cómo funciona la sanidad norteamericana?
En Estados Unidos los convenios laborales se negocian de forma descentralizada (es lo que plantea la CEOE) y sólo atañe a los trabajadores sindicados. Esta negociación se hace de los apartados económicos, los beneficios sociales y la cobertura sanitaria. Si una persona se queda sin trabajo, se queda no solo sin salario, sino también sin cobertura sanitaria. La empresa elige la compañía sanitaria privada que quiere. El 64% de los norteamericanos tienen cobertura sanitaria a través del mundo del trabajo y la amplitud de dicha cobertura depende de la fuerza sindical que se tenga en la empresa.

El sindicato metalúrgico norteamericano, que siempre ha sido fuerte, obtiene buenos seguros, pero en ningún caso llega ni al 50% de lo que nosotros tenemos a través de nuestra Seguridad Social. Muchos pequeños empresarios no aseguran a sus trabajadores por no poder pagarles el seguro o porque no quieren, al no tener un sindicato fuerte en su empresa que defienda los intereses de los trabajadores.

El sistema sanitario norteamericano se lleva a cabo por medio de seguros privados. Se paga una prima anual que ronda los 5.000 euros a la compañía aseguradora. Sin embargo, estas compañías aseguradoras pueden rechazar a cualquier persona con una enfermedad crónica o que ésta aseguradora intuya que va a gastar mucho en el cuidado sanitario de una persona.

El gobierno norteamericano financia dos programas para personas mayores:
a) MENDICARE que cubre el 52% de los gastos médicos de los ancianos, pero el otro 48% restante lo debe aportar el propio anciano.
b) MINDICAID que cubre las necesidades de los indigentes, siendo cada Estado el que fija las coberturas que tiene. Este programa afecta sólo al 22% de los pobres del país.

A pesar de que la sanidad norteamericana es la que más gasta, como hemos visto anteriormente, el 64% de los norteamericanos expresa su insatisfacción con su sistema médico privado, doblando las quejas que presenta cualquier país de la OCDE. Es un claro ejemplo de mal funcionamiento de la economía de mercado en la sanidad ¿Tomará nota mi querida Esperanza Aguirre?

El ánimo de lucro con que se mueven estas entidades privadas hace que se realicen un número excesivo e innecesario de intervenciones quirúrgicas. Son innecesarias el 40% de las histerectomías, el 48% de los cateterismos cardíacos o bypass, el 28% de angiografías, etc., según propios informes médicos de la sanidad norteamericana.

Como consecuencia de todo esto, la sanidad privada norteamericana presenta un mayor índice de mortalidad que la sanidad pública. La sanidad privada posee un menor ratio de personal sanitario (médicos, enfermeras, auxiliares), junto a una menor riqueza de infraestructuras.

Los costes administrativos de este servicio sanitario privado, con marketing, administración, plusvalías etc, suponen el 30% del gasto sanitario, mientras que en el sistema público este gasto representa solamente el 3%. Sirva como ejemplo, que el presidente de la compañía médica UNITED, cobra 37 millones de dólares anuales y unas stock options de 1.700 millones de dólares anuales.

Este sistema genera beneficios escandalosos, a las empresas médicas, farmacéuticas y de seguros. Según la revista Fortune, son las empresas médicas las que obtienen los beneficios más elevados de toda la clase empresarial norteamericana por encima de las financieras.

¿Qué propone Obama?
La introducción de un sistema de seguro público para que así peda aumentar la competencia y obligue a las aseguradoras privadas a reducir costes y a mejorar su sistema sanitario. Obama no busca un sistema de sanidad público universal y gratuito como es el modelo europeo. Es decir, intenta introducir el sector público para hacer más competitivo al sistema privado ¡Tiene bemoles, el mundo capitalista al revés!

El coste de esta reforma según la oficina de presupuestos la cifra para el año 2019 en 239.000 millones de dólares. Obama se opone a esta cifra por considerarla fuera de lugar, porque contempla el coste de extender la cobertura a los que hoy no la tienen pero sin cambiar las reglas actuales. Obama sostiene que con su reforma en profundidad, muchos de los recursos pueden salir del propio sistema, evitando los derroches actuales y las ganancias desorbitadas. La cifra que calcula es de 100.000 millones de dólares anuales, que es perfectamente asumible por la economía norteamericana.

¿Quién se opone al moderado plan sanitario de Obama?
Las grandes aseguradoras como Metlife, empresas médicas como UNITED, tabaqueras como Philip Morris o millonarios como Richard Mellon Scaife.

Deben de saber que la sanidad norteamericana mueve más de dos billones de dólares y está claro que estas empresas harán todo lo posible por cargarse esta reforma, como ya lo consiguieron con la de Hillary Clinton

Los otros sectores que se oponen son los ultras del Partido Republicano, que consideran esto un ataque a la libertad individual de los norteamericanos y un ataque a la economía de mercado (se oponen al gasto de estos 100.000 millones de dólares para la sanidad y callan con los dos billones de dólares que se han dado a los bancos).

Consideran a Obama un socialista, cuando simplemente es un liberal inteligente que hace lo necesario para que el sistema capitalista no se hunda.

Todo esto que estamos viendo en los Estados Unidos de Obama, también se empieza a observar aquí en España cuando nos cantan las excelencias de la sanidad privada. Tal es el caso de Esperanza Aguirre en Madrid o de Camps en Valencia. Ya podemos comprobar a donde nos llevan estas políticas que es a empeorar nuestro sistema sanitario y a engrosar los beneficios de las empresas sanitarias privada. Debemos saber que el gasto sanitario de cada norteamericano es cuatro veces superior al español.

Defendamos siempre una buena sanidad pública gratuita y universal, en ello nos jugamos mucho

EUGENI EMPA El Plural / Tribuna libre

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